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Generando recuerdos

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¿Recuerdas tus días de infancia? Té con leche, pan tostado con mantequilla y dulce de membrillo, vacaciones de dos meses, “Cachureos”, “Ludo”, “Tablero Chino”, “Las escondidas”, “El Tombo". ¿Recuerdas que lo único que importaba era juntarse con los amigos y jugar?

Ahora cuéntanos, al recordar esos tiempos ¿extrañas a los juegos en sí o a quienes te acompañaron a jugarlos? Los amigos ¿verdad? ¿Qué será de ellos?

Muchos se distanciaron con el tiempo por distintos motivos: aumento de carga escolar, cambios de colegio o de casa, o porque ya no habían temas que los unieran. El tiempo va haciendo que los lazos de amistad que generamos no sean tan simples como los de la niñez, porque se suman nuevos factores a la ecuación como la profesión, el ingreso económico, la política, entre otros. Nuestras motivaciones van cambiando, se van complejizando y hacen que nuestras relaciones se vuelvan más complejas también. Perdemos esa facilidad que teníamos en la infancia de hacer nuevos amigos: "¡Hola! ¿Puedo jugar?". Y así, sin darte cuenta, generabas lazos, conexiones fuertes y sencillas durante lo que duraba el juego y al terminar tenías nuevos amigos (acéptalo, si una persona adulta te invita a jugar a la escondida en el parque, primero pensarías que está loca, antes de evaluar la posibilidad real de unirte al juego).

El juego pierde importancia porque la contingencia tiene sus propias urgencias a cada edad y encontramos otras formas de relajarnos (carreteeees); desarrollar nuestras habilidades sociales se transforma en prioridad y las habilidades lúdicas sólo aparecen al momento de hacer bromas o pretender burlarse del otro. Al perder la práctica del jugar, nos olvidamos de todo lo que podemos encontrar en el juego: todos somos iguales (¡yes! sin importar la edad), podemos ser lo que queramos ser, no hay nada más importante que el juego que estamos jugando, contamos con ese tiempo destinado y protegido a jugar (“Juanito, ¡dddéntrate!” – “¡Termino el juego y voy!”), echamos mano y ejercitamos nuestra capacidad de asombro, todo el que quiera puede participar y es bienvenido, ganar no siempre es lo más importante (bueh, depende del juego), puedes ir descubriendo nuevos aspectos de tu personalidad por medio de tus reacciones frente a la derrota o el triunfo, es un buen motor para estrechar amistades, generar recuerdos y anécdotas.

Además, sí, estás muy mayor para jugar a las escondidas si no usas a tus hijas o sobrinos como excusa; sin embargo, conforme han pasado los años, han surgido otras herramientas lúdicas que han prosperado, evolucionado y diversificado en el último tiempo, y a los que les puedes recurrir sin importar la edad que tengas: juegos de mesa.

Hay juegos de mesa para todos y de todo tipo: grandes, chicos, chicas, niñas, niños, adultos, para fiestas, cortos, largos, serios, graciosos, tenebrosos, sobre la pobreza, o la riqueza, para competir, para colaborar, sobre guerra, sobre la pandemia, sobre destruir, construir, espías, parejas, zombis, con tema, sin tema, y un largo etcétera. ¿Nunca tuviste amigos? ¿Tus mejores recuerdos de infancia son estando sólo y no tienes ninguna intensión de hacer amigos ahora? ¡También hay juegos de mesa para jugar en solitario!

¡Te invitamos a descubrir algunos juegos de mesa en nuestra página Ludorata!
Etiqueta: Ludorata
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